Juan 7:53-8:11 – El pasaje inventado
- David Roncancio
- 22. März 2020
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Los manuscritos más antiguos y otros testimonios de la antigüedad no incluyen Juan 7:53–8:11.
Los estudios muestran claramente que tampoco fue escrito por Juan; el verdadero autor es desconocido. En algunos códices y versiones posteriores que contienen el relato de la adúltera, esta sección aparece en diferentes lugares; por ejemplo, después de 7:44, o al final de este evangelio, o después de Lucas 21:38.
Este relato no es mencionado por ninguno de los padres de la iglesia primitiva y apenas aparece hacia el siglo 12 (época del comienzo del oscurantismo de la iglesia católico romana).
¿Qué implicaciones tiene que este pasaje sea enseñado como real? ¿Qué falsa enseñanza sobre el adulterio o sobre Jesús se trataba de justificar por este medio?
Al enseñar este pasaje como real y como dicho por Jesús se está dando lugar a una falsa enseñanza, que puede traer confusión sobre el carácter y la naturaleza de Dios, pero en este caso también sobre la naturaleza del pecado.
De acuerdo a este pasaje se busca justificar el pecado sexual como no condenable. En otras palabras, se elimina lo que Jesús ya le había dicho a la Samaritana sobre su pecado y lo que la iglesia primitiva enseñó al respecto.
Hoy en día este pasaje es usado especialmente por los defensores de diferentes conductas sexuales anti-bíblicas, con el fin de poder justificar su actuar. Lo cual es una muestra más del peligro que causan las falsas enseñanzas que todavía se mantienen en algunas traducciones bíblicas modernas.
Jesús y la iglesia primitiva siempre fueron claros en condenar los pecados sexuales, especialmente el homosexualismo y la prostitución, pues van en contra del simbolismo bíblico de las Bodas del Cordero. Jesús anhela una iglesia (novia) pura y santa, que no adora otros dioses ni justifica sus malos actos con una falsa misericordia divina. La Biblia es clara en que habrá un juicio y condenación de los pecados a pesar de existir la gracia y misericordia divina. Por lo tanto, no hay excusa que valga para seguir pecando o hacer lo que va contra la Escritura.
De la misma manera tampoco somos nosotros los llamados a condenar a quienes están en pecado sexual. Nuestra tarea es amar como Dios ama y dejar el juicio en manos de Dios.